Ignacio Echeverria conducta

¿Cómo reaccionar en un ataque terrorista? La emoción y el comportamiento no verbal

¿Cómo reaccionaríamos ante un ataque yihadista? Hoy dedicamos este artículo a Ignacio Echeverría, el español muerto en Londres el sábado 3 de junio al tratar de defender a una chica a la que estaba acuchillando un terrorista.

Aunque cada ciertas semanas o meses tenemos noticia de que ha habido un atentado en algún punto de Europa occidental o en destinos turísticos globales (ni qué decir de la frecuencia y el alcance en otros lugares), la probabilidad de vernos envueltos en una situación de este tipo parece que es muy baja estadísticamente a día de hoy. Sin embargo, a la luz de los últimos acontecimientos quizá algunos de vosotros os hayáis imaginado ya cómo actuaríais si os sucediera a vosotros mismos o muy cerca de vosotros: ¿qué haríais si vierais de repente un ametrallamiento cerca, o a hombres armados con cuchillos que se abalanzan contra otros?

La respuesta tenemos que buscarla en diferentes explicaciones psicológicas. Entrarán en juego variables como la emoción, la personalidad o el contexto. Nosotros hoy nos centramos en la emoción y en su relación con el comportamiento no verbal: por qué nuestra conducta será una u otra en función de la emoción.

Cuando aún no se había desarrollado el cerebro racional, cuando aún no existía el lenguaje verbal, las emociones nos permitieron sobrevivir. Al sentir una emoción como el miedo, por ejemplo al percibir un depredador, por un lado se ponía en marcha una reacción interna multidimensional (noradrenalina, transpiración extra, flujo sanguíneo hacia las extremidades inferiores…) que favorecía físicamente la huída, y por otro lado, externamente, adoptábamos una expresión facial específica de para esa situación que, unido al salir corriendo, comunicaba no verbalmente a los demás miembros del grupo que había un peligro. Las emociones no han evolucionado nada desde entonces, y seguimos sintiendo y respondiendo igual a como sucedía hace millones de años.

Con la emoción de ira, las respuestas interna y externa son diferentes ya que nos predisponen para otro fin: el ataque ante algo que nos enoja, que consideramos injusto, que supone una agresión a nuestros valores… Por eso la frecuencia cardíaca aumenta y la sangre se dirige al tronco superior: para favorecer físicamente el ataque (aunque sea para defender lo nuestro).

¿Qué sucede entonces con las situaciones como las de Londres? ¿Si vemos a alguien atacando con un cuchillo? La clave estará en cómo interpretemos en ese momento lo que percibimos: ¿es una situación peligrosa en la que nuestra vida corre peligro?, ¿es una situación que nos enfada?, ¿no sentimos nada? Según cómo valoremos la situación, en cuestión de una fracción de segundo, nuestro impulso será uno u otro, huida, ataque, seguir nuestro camino…

Si tomamos como ejemplo a Ignacio Echeverría, uno de los amigos que iban con él explicaba que vieron solo a una chica que era atacada por un hombre con un cuchillo. Es posible que Ignacio interpretara esa situación como una escena de violencia de un fuerte contra alguien más débil (armado vs sin arma), y que eso le pareciera injusto: por lo que en él se desencadenara la respuesta de la ira y le hiciera ir a atacar al agresor y golpearle con su monopatín. Así pues, ¿valoró Ignacio la agresión a la chica como algo injusto, eso le provocó ira, y su impulso fue agredir al agresor para defender a la chica? Esta sería una hipótesis posible.

Al ver más tarde en cambio que había 3 hombres con cuchillos y una situación caótica, sus amigos percibieron ese estímulo como una situación de peligro extremo y huyeron; conducta que resulta absolutamente natural, ya que cuando tememos por nuestra vida el cuerpo nos prepara para la huida y así salvarla. Sintiendo un miedo intenso, solo si no nos queda escapatoria podremos atacar: se trataría de luchar por la vida como último recurso. Esto es algo que vemos constantemente en los animales.

¿Sería posible “saltarse” el comportamiento no verbal asociado al miedo, y no dejar que nuestros pies nos lleven? No podremos controlar la emoción, pero sí la conducta. Si conseguimos aplacar esa emoción pasados los momentos iniciales, podremos recurrir al pensamiento racional y buscar soluciones para salvarnos o defender a los demás de una forma que sea efectiva (seguiremos sintiendo miedo, la respuesta interna). Sin embargo, me atrevo a decir que en situaciones extremas como un ataque terrorista ya con armas en mano, las cosas suceden en cuestión de segundos y posiblemente haya poco margen para el pensamiento racional; cuando hay emociones tan intensas, el cuerpo dedica recursos energéticos a la respuesta emocional y no quedan energías para la cognición. Se requeriría tiempo para relajarnos y que la emoción baje poco a poco de intensidad, y poder así pensar y decidir.

Como decíamos al principio, además de las emociones intervienen la personalidad y el contexto. Una persona según su personalidad tendrá una tendencia más de activar conductas o bien de inhibirlas (según los sistemas BAS y el BIS respectivamente). Alguien con tendencia a ser impulsivo, actuará rápido sin pensar en las consecuencias, y alguien más evaluador se frenará.

Y en cuanto al contexto, ahí es donde entrará la peculiaridad de cada circunstancia. No será lo mismo ver en un avión cómo un hombre lleva una pistola enfundada en su bolsillo; oír disparos unas filas más atrás, o tener sentado a nuestro lado alguien que nos apunta con el arma. Quizá en el primer caso la emoción de miedo no sea tan intensa y podremos pensar cómo detenerle y actuar decididamente; en el segundo caso es posible que nos refugiemos bajo el asiento, y en el tercer caso que le ataquemos.

Podemos ver las reacciones habituales/probables en esas bromas de la mochila que circulan por ahí. No son en absoluto bromas de buen gusto pero sí sirven para ver la pauta de comportamiento en casos así. En cualquier caso, creo que si somos conscientes de cómo nos afectan las emociones, podemos entender mejor cómo reaccionamos y por consiguiente hacer algo útil con esa información.

Un cordial saludo a todos, y un pensamiento especial por Ignacio,

Ana

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ana de Puig

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