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Mujeres reales y otras definiciones peligrosas

Cómo me sorprende que, en pleno siglo XXI, todavía estemos a vueltas con cosas como esta: el cuerpo de la mujer. También el del hombre, aunque en menor medida; pero todo lo que diga aquí es válido también para los topicazos sobre el cuerpo del hombre.

Por la pintura, la escultura y otras fuentes sabemos que en cada momento histórico o época ha imperado un estereotipo de cuerpo de mujer u otro, en el que «lo bueno» era tener determinados rasgos. Por ejemplo en siglos pasados: piel blanquísima, boca pequeña, un poco de papada, nada de huesos visibles, etc. Durante el convulso siglo XX, casi cada década trajo consigo unos cánones distintos: según si se estaba en guerra o paz, en crisis financieras o en momento de abundancia, se preferían (¿quiénes?) las mujeres más orondas o delgadas, más blandas o tonificadas, con rasgos más angulosos o menos.

A veces estas variaciones en los cánones, en lo «esperado», ha venido propiciado por los cambios en la moda: cuando los vestidos llegaban hasta el suelo, poco importaba la celulitis o si el tobillo es más fino o menos; a medida que se han reducido traje de baño y bikini y se ha expuesto más carne, más zonas del cuerpo son examinadas con lupa.

Y esos idearios sobre cómo «toca que sea» el cuerpo de la mujer implica que le hagamos todo tipo de atropellos: en tiempos anteriores se ponían polvos talcos muchas veces tóxicos, pelucas, dormían con almohadas altísimas para tener papada… En los años 40 se quitaban muelas para tener la cara más angulosa (Rita Hayworth según parece).

Hoy, no hace falta que repasemos todo lo que hacemos al cuerpo para ser lo que no somos del todo, y encajar con los ideales estéticos del momento. Y esto de los cánones se da tanto en el Oeste como en el Este. Seguro que habéis oído que en Corea las chicas se operan los párpados, se afinan la mandíbula y se aumentan el pecho nada más cumplir 18.

Y ahora entramos en lo que me sorprende. Tras muchos años ensalzando la mujer muy delgada, tonificada, alta, con pecho, poca cadera, piel radiante, cero celulitis… se tiene en cuenta y aparecen cada vez más en los medios las llamadas modelos curvy (‘con curvas’). Son mujeres con aspecto de gozar la vida, sano, con una talla 44 en adelante, con curvas allá donde mires: pecho, caderas, barriguita… 

El abanico parece abrirse un poco. ¡Bien, por fin! Pero, atención, error: ya he leído en varias publicaciones la idea de que esa es la mujer real. Por ejemplo: Vicky Martín Berrocal en una entrevista en una revista: «(…) igual que cuando veo a Monica Bellucci, o fotos de Marilyn o Ava Gardner, que son todas mujeres mujeres, con mayúsculas, con curvas.»

Otro ejemplo reciente: este domingo la revista Fuera de Serie, a raíz de un interesante reportaje con la modelo Tara Lynn, repasaba por décadas los ideales de cuerpo femenino desde 1910, pero, oh chasco, al llegar a nuestra década dice: «La tendencia actual pasa por reivindicar la presencia de mujeres reales, con pecho y caderas, pero también con tripita.» 

Ah, no, no, no, queridos lectores. Afirmar esas cosas significa crear un nuevo estereotipo, y bastante demoledor: «mujeres mujeres», «mujeres reales». Ah, fantástico, y la que no entre ahí qué es: ¿un alien venido de otra galaxia?, ¿es menos mujer? Cuidado, que estas definiciones pueden llevar a las que tienen poca autoestima a sentirse más inseguras y querer entrar en esa definición como sea.

La mujer real es cualquier mujer: soy yo y sois vosotras, es Vicky Martín Berrocal y es la modelo curvy. Las bajitas, las altas, las que tienen pecho pero cero trasero, las que tienen gran trasero y poco pecho, las que son delgadas como juncos y no logran coger peso, las morenas, las pálidas, las oliváceas, las atléticas, las rollizas, las que tienen celulitis, las que no la tienen, las de mandíbula ancha, cara ovalada, redonda, cuadrada, con más arrugas o menos, las angulosas, las lánguidas, las robustas, las de piernas más bien cortas, las de piernas más bien proporcionadas… Todas esas son, todas esas somos, mujeres reales. En mi opinión, la mujer real es cada mujer. 

Asesoro a muchas mujeres. No he visto 2 cuerpos iguales a los que les pudiera recomendar lo mismo. Ni siquiera las clásicas divisiones en reloj de arena, triángulo, etc. sirven de mucho. Cada mujer es una mujer real y es única, de modo que difícilmente podemos decidir qué es mujer mujer, mujer real. Y acabo como empiezo: en pleno siglo XXI estaría bien dar un salto mental y zanjar las etiquetas en torno al cuerpo de la mujer. Es el que es, sin definiciones, sin «lo esperado», sin cánones y sin atropellos.

Tenedlo en cuenta y a poder ser no os dejéis influir por definiciones pasajeras o con poco fundamento 😉

¡Feliz día a tod@s!

Ana

 

 

 

Ana de Puig

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