Aprendizajes de la crisis reputacional del Kate Gate

El vídeo de Kate Middleton ha sido un solemne bofetón a todo y casi todos. Un comunicado breve y con dosis iguales de humanidad y dignidad, que nos deja algunos aspectos de los que podemos aprender.

De todo este asunto más del corazón que otra cosa, podemos aprovechar para sacar aprendizajes desde el punto de vista de la comunicación, tanto comunicaión no verbal como discurso verbal, que tengan aplicación para nuestro día a día laboral o personal. ¿Qué lectura se puede hacer de todo esto?

Crisis de reputación por ausencia de comunicación

Lo que ha sucedido en este caso de Kate Middleton es que desapareció de la escena pública y durante semanas no se ha sabido nada. Cuando empezó la curiosidad y rumores sobre su ausencia, la casa real inglesa presentó un comunicado que informaba de una operación de abdomen, sin más detalle. Tras esto, largas semanas sin volver a ver a esta persona, ni tampoco tener más comunicados oficiales.

Cuando ha habido un evento destacado y no proporcionamos información que explique aunque sea parcialmente la situación, el entorno se resiente. Esto aplica a todo, desde nuestras relaciones personales hasta la comunicación interna o externa de empresas, instituciones o partidos políticos. Imaginaos que vuestra pareja hace algo totalmente inusual, y no nos da ninguna explicación: ¿nos quedaríamos igual? Probablemente nuestra mente empezaría a tejer una red de posibilidades, nos fijaríamos en otros detalles anteriores, etc.

Lo mismo sucede aquí. Ante la ausencia prolongada de información, han surgido hipótesis, algunas razonables y otras, conjeturas sin pies ni cabeza que han llenado páginas y vendido muy bien. La cosa no suele quedarse en hipótesis sino que también se generan opiniones negativas, que suponen un perjuicio para la imagen en general.

Las casas reales no son solo una familia formada por un número determinado de personas que representan un país en determinadas ocasiones. Son auténticas instituciones, cuya existencia se debe en parte a la relación con la ciudadanía y a su consentimiento, por lo que cada paso se da con cautela. Se trata de una relación que combina inaccesibilidad junto con momentos de cercanía.

Las cosas de palacio van despacio

Además, las casas reales son entidades acumuladoras de tradiciones longevas y sujetas a protocolos más bien rígidos, lo que hace que sean entidades menos dinámicas y respondan más lentamente ante cualquier evento.

Ese ritmo lento choca con la cultura de la inmediatez actual, propiciada especialmente por las posibilidades que provee el mundo digital. Todos tenemos acceso a casi todo a golpe de clic, y ningún clic daba la información ansiada.

Las casas reales, con sus diferentes estilos cada una pero especialmente la inglesa, precisamente deben parte de su aura de inaccesibilidad a hacer las cosas de forma diferente. Porque para hacerlo normal y corriente, en los tiempos normales y corrientes, ya están todos los demás, desde deportistas hasta influencers y otras personas de estatus alto, pero no tan alto, entre otras cosas por la rapidez y poco pudor con la que publican cada aspecto de sus vidas.

Sin embargo, en este caso aunque seguramente tendrían motivos razonables (los diagnósticos son lentos), se ha desequilibrado la balanza a favor de la lejanía, resultando en malestar general. No hay que olvidar que esta Middleton es uno de los miembros de la familia real más queridos por el pueblo inglés, por lo que la falta de comunicación se puede traducir en una asimetría en la relación: nosotros os queremos pero vosotros no tanto.

La virtud está en el equilibrio

Pensemos en cuántas veces personajes famosos han tenido que enviar comunicados rectificando posts que habían escrito o reacciones en directo… No será el caso de las casas reales, que van a otro ritmo y prefieren no dar pasos en falso.

¿Nos sería útil a nosotros aprender de ese ritmo lento en nuestra vida a la hora de comunicar? Como planteaban los estoicos, la virtud está en el equilibrio. Lo que en el caso de las crisis sería: ni dejar pasar demasiado tiempo ni trasladar cada sentimiento o detalle sobre la evolución de un asunto.

Está claro que el sentir general es que la casa real inglesa ha dilatado demasiado los tiempos. Por lo que ni la inmediatez ni el silencio prolongado parecen ser idóneos. En nuestras situaciones de crisis, para elegir los tiempos y más detalles, tendremos que analizar qué tipo de relación tenemos con quien se haya generado la crisis, y cuál es en ese caso el equilibrio.

Contenido escueto y compensado

Si recordamos el mensaje del comunicado, el contenido, encontramos un mensaje que refleja bien esa relación familia real — pueblo. Un contenido verbal que toca varios temas, algunos íntimos, pero en la superficie, sin ahondar. Tenemos estos bloques:

  • un agradecimiento a quienes se han preocupado por ella;
  • una explicación escueta sobre su estado de salud y tratamiento (el tuétano del mensaje, en el centro);
  • una apertura sobre cómo vive emocionalmente esta situación;
  • unas líneas dedicadas a otros enfermos como ella.

Por supuesto, el público quiere saber más. Qué cáncer, por qué, desde cuándo, etc. Pero, lo dicho, no se trata de una influencer que vaya a compartir hasta las ecografías y llantos, sino que algo escueto en su caso es lo coherente con esa relación endiosada de lejanía-cercanía en la que los tiempos los pone solo una parte. La información se deja caer con cuentagotas, y además las cuestiones de salud o emocionales no son un tema de agrado para estas esferas.

Entre la sencillez y la desvinculación

Como detalle llamativo, en el vídeo Kate Middleton aparece casi despojada de todo símbolo institucional: el marco del vídeo no es ningún lugar oficial reconocible, su vestimenta es demasiado informal y no lleva el característico maquillaje que enfatiza sus ojos. Como símbolos reconocibles, solamente tenemos el conocido anillo de compromiso.

Considero un desacierto esta imagen tan lejana respecto a la casa real. Es de los miembros mejor valorados, que aporta a la corona, y sin embargo tal como está organizado el vídeo, se traslada un mensaje de desvinculación o abandono (y el público es sentimental…). Si grabamos vídeos, el marco importa: dónde grabamos, qué elementos hay de fondo, ¿hay algo que tenga un significado especial?

Encontramos a una Kate sin apenas maquillaje en los ojos (que solía destacar en cualquier aparición pública). Una chica con un jersey de rayas y jeans, que podría ser cualquiera de nosotras.

Es posible que esa imagen sencilla, informal y casi anónima busque por un lado mostrarla humana y vulnerable frente a una enfermedad que no entiende de estatus «soy una persona normal más», y por otro reforzar la ausencia de esos meses, «he estado y sigo estando fuera del circuito oficial».

Lenguaje no verbal entre la serenidad y la angustia

Aunque empieza el vídeo sonriente y con cierto énfasis, su expresión no verbal (gesticulación, mirada y expresión facial) poco a poco se va volviendo átona, débil, de forma acorde con el mensaje verbal, que expresa preocupación, enfermedad, tratamientos… La amplia sonrisa de Kate Middleton, tan característica en sus apariciones públicas, está ausente, aunque de vez en cuando intenta dibujarla para transmitir un mensaje de positividad («estaré bien»).

Al mencionar a su marido y sus hijos, se toquetea las manos con gestos manipuladores que buscan auto apaciguamiento: tanto se acaricia los pulgares como cierra y aprieta los dedos de una mano contra la otra. Podemos intuir que lo que cuenta acerca de su familia íntima le genera pensamientos o emociones de valencia negativa cercanos a la preocupación y la ansiedad.

¿Vídeo generado con IA (inteligencia artificial)?

Si una imagen o vídeo están generados por IA es una cuestión que a partir de ahora irá estando sobre la mesa. Aunque quien quiere elaborar las teorías conspirativas siempre encontrará algún elemento que magnificar, es probable que en este caso las dudas se deban a la poca expresividad de Kate Middleton, ya que su lenguaje no verbal no muestra cambios. No cambia de postura, las ondas del pelo son estáticas, las manos apenas gesticulan más allá de enfatizar mínimamente el mensaje, su expresión facial se reduce al mínimo.

Se trata de un lenguaje no verbal coherente con el contenido verbal y la situación: tener que anunciar que se padece un problema de salud y la incertidumbre/ansiedad/ánimo bajo que se genera alrededor estando enfermo.

Además, leer (aunque sea del teletipo) resta a la comunicación no verbal espontánea ya que implica derivar recursos para la lectura, con lo que la expresividad se resiente. Por eso siempre recomiendo prepararse a fondo los mensajes y discursos antes de grabar o salir a hablar en público, para no tener que leer. La letra impresa convierte en muermo todas las palabras que salen por nuestra boca.

RESUMEN: Lo que nos interesa

De todo lo dicho, resumimos en estas 3 claves:

• Si hay una crisis, no dejar pasar mucho tiempo antes de comunicar tu mensaje, pues el vacío de información te perjudica porque se generarán otras informaciones para rellenar tal vacío, y ya no estarán bajo tu control.

• Digas lo que digas, siempre habrá quien interprete mal todo. Intenta obviar eso y centrarte en elaborar un mensaje equilibrado en cuanto a contenido y tiempos: demasiada rapidez e información muy detallada pueden resultar contraproducentes, y lo contrario también.

• La expresividad ayudará a potenciar tu mensaje. Asentir con la cabeza, inclinar un poco el cuerpo hacia delante en algún momento, mover más las manos (gestos más a la altura de la cintura-pectoral), son elementos no verbales fáciles de adoptar.

Mostrar empatía en la relación médico-paciente. Beneficios y tácticas

La comunicación empática hacia los pacientes logra unos beneficios contrastados que deja claro que es una herramienta positiva para el bienestar general y la relación médico-paciente.

Quien más quien menos, la mayoría hemos estado enfermos alguna vez y hemos tenido que pasar por las consultas de médicos y por hospitalizaciones. Si nos entretenemos un poco en escuchar la experiencia de cada uno, va a aflorar un aspecto crucial y transversal: si nuestra experiencia general fue positiva o negativa en función de cómo nos trataron, al margen del problema de salud.

Hay que tener en cuenta que cuando uno está enfermo o acude al hospital o consulta con un problema de salud, el punto de partida es generalmente de vulnerabilidad. El dolor, la preocupación, el temor, la incertidumbre, ir desnudo con un batín mínimo, los cambios en nuestra vida ordinaria… Todo eso genera un estado emocional de signo negativo, desagradable para nosotros, que probablemente va a afectar a nuestra percepción de las interacciones.

Podríamos llenar páginas con los casos propios o de conocidos que nos cuentan cómo tal o cual médico fue cruel, impertinente, desconsiderado en algún momento de la visita, tanto por el lenguaje verbal como en su lenguaje no verbal. Casos reales que me han explicado (y no son los peores):

  • doctora que no explica la enfermedad; da el diagnóstico mirando la pantalla y receta la medicación protocolaria;
  • médico que al atender a una persona en estado crítico al descubrirse un tumor y esta le exprese sus temores, comentar «eres un poquito hipocondríaca, veo»;
  • médico que está poniendo anestesia y, si el paciente se mueve, resopla y le espeta «estese quieto».

Afortunadamente, cada vez queda más patente que un buen médico o enfermero tiene que reunir cualidades técnicas y humanas. En concreto, ser capaz de mostrar empatía con los pacientes.

Rompamos una lanza a favor de los médicos. No solo hay personas que simplemente cuentan con pocas habilidades sociales, sino que no es fácil para los médicos tener que lidiar con las emociones del paciente, el dar malas noticias, y manejar las propias emociones que surgen de esas situaciones, día tras día. Parece ser que en ellos puede darse la inhibición de las emociones como medida de auto protección, con las consecuencias que eso tiene tanto para ellos mismos como para los pacientes.

Con esos puntos de partida de paciente y médico, podemos entender que la cosa no está fácil, en cuanto a comunicación entre ambos se refiere. Y precisamente la comunicación es un elemento CLAVE en todo el proceso médico. Pero no solo el trasvase de información sobre los síntomas, el diagnóstico o el tratamiento; lo que se ha podido estudiar en los últimos años es la importancia de las muestras de empatía hacia el paciente.

Empatía es comprender los sentimientos y pensamientos del otro (empatía mental o cognitiva), poder sentir y alinearnos con los estados emocionales del otro (empatía afectiva) y, ante el desequilibrio emocional del otro, responder con atención y compasión.

Los pacientes aprecian ser tratados como personas, no como un diagnóstico, un caso o una enfermedad.

Un grupo de investigadores (abajo tenéis la referencia) hicieron una revisión sistemática de artículos sobre la empatía en el entorno clínico y encontraron que la empatía de los médicos se asocia con estos beneficios, entre otros:

  • pacientes satisfechos
  • otorgar mayor autoridad al médico
  • adherirse al tratamiento
  • sentir menor ansiedad y estrés
  • mejores resultados clínicos
  • cumplir con el tratamiento
  • percibir un mayor bienestar

Otros estudios muestran también la correlación entre una actitud empática por parte del doctor y una reducción el sufrimiento psicológico del paciente, que se traduce en una mejora de su calidad de vida, algo nada desdeñable. No hay duda de que la calidez humana, en este caso concreto a través de la empatía, tiene grandes beneficios.

Hay más beneficios, que van más allá del paciente. Eso lo trataremos otro día porque merece reflexión aparte.

Muchas personas cuentan con la capacidad innata de conectar con el estado emocional o mental del otro. Sin embargo, hay quien no está tan orientado hacia las personas, o quien por razones diversas no se maneja bien en esas situaciones. Aunque cada vez se divulga más sobre las emociones y se puede entender qué es y qué supone la empatía, no todas las generaciones están familiarizadas con el concepto.

No se trata de llegar a sentir lo mismo ni de estar de acuerdo en todo. Recalco que el objetivo es mostrar empatía con pequeñas conductas tanto de lenguaje verbal como de comunicación no verbal, de modo que el paciente lo reciba y le suponga las mejoras enumeradas arriba.

  • asentir mientras el paciente se expresa
  • si hay que dedicar tiempo a escribir en el ordenador, levantar la vista para poder percibir sus expresiones faciales u otros gestos, que sumarán información a las palabras
  • mirar a los ojos al hablar, y cuando el paciente habla (parece obvio, pero…)
  • si el paciente está en cama, no quedarse a los pies de la cama para trasladar novedades sino acortar algo las distancias acercándose por el lado
  • no interrumpir
  • tocar, al final de una visita difícil, el brazo (entre codo y hombro). ¡Solo lo podremos hacer si estamos a poca distancia física!
  • nunca deben faltar alguna sonrisa cordial durante la interacción, siempre hay momento para ellas
  • preguntar cómo se siente o encuentra
  • preguntar si tiene dudas
  • mientras se lleva a cabo una intervención, ir explicando lo que se hace (por ej.: «ahora notará un ligero pinchazo, acabamos enseguida…»)
  • la expresión bálsamo total: «le entiendo», «comprendo su inquietud/tristeza/(describir lo que percibamos)»…
  • repetir alguna expresión que haya empleado el paciente
  • anticipar el tratamiento

Recordemos que no se trata de deprimirnos ambos, sino de ser capaz de ayudar a reequilibrar el estado emocional del paciente, ya que tiene muchos beneficios de salud para él, y para el éxito del caso.

En cuanto a los aspectos puramente no verbales, está claro que la mirada a los ojos, el toque en el brazo, la sonrisa cordial, reducir las distancias físicas, es sencillamente representar con el cuerpo esa cercanía mental que deseamos conseguir. Es necesario un abordaje verbal y no verbal.

Considero que podemos extrapolar los beneficios de aplicar empatía a la relación médico-paciente a cualquier relación que nos importe. Cuesta poco esfuerzo añadir a nuestra comunicación no verbal o verbal esos pequeños elementos que tienen el valor de cambiar el curso de una interacción, además de permitirnos ir creciendo en habilidades relacionales.

Y también, este post no está dirigido solo a personal médico sino también al paciente que todos somos o seremos. Personalmente observo que, aunque efectivamente nos sentimos muchas veces vulnerables al ser enfermos, no podemos ejercer un papel de víctimas ni dejar que las riendas de la relación médico-paciente recaigan solo en los profesionales de la salud. ¡Tenemos mucho que hacer por nuestra parte! Por lo tanto, a la luz de los estudios, os sugiero que hagáis movimientos para lograr empatía por adelantado:

  • preguntéis sobre el tratamiento, enfermedad
  • practiquéis la amabilidad (tono relajado, sonrisa cortés, paciencia…) con los doctores
  • acompañéis los síntomas con gestos, imágenes… Las palabras a veces no bastan.
  • compartáis cómo os sentís, brevemente

Y hasta aquí hoy sobre la empatía en el entorno médico. Os deseo muchas ganas de aprender a mostraros empáticos en general y, sobre todo, mucha salud.

Un abrazo,

Ana

Derksen, Frans; Jozien Bensing; and Antoine Lagro-Janssen (2013). Effectiveness of empathy in general practice: A systematic review. British Journal of General Practice, vol. 63, no. 606, pp.76–84