Skip to content

Cómo romper el hielo tras una discusión, con la comunicación no verbal

Tanto en la vida de pareja como en la laboral o en las amistades, es inevitable tener discusiones, que a veces llegan a un punto de desencuentro mayor del que quisiéramos. Y que nos hacen pasar un tiempo más largo del deseado en el que se palpa el malestar mutuo; porque al fin y al cabo no tomamos las riendas de la resolución del conflicto sino que nos dejamos llevar.

Tras una discusión la sensación que experimentamos es desagradable, no tiene valencia positiva sino negativa. Puede que estemos enfadados porque se han dicho injusticias; que estemos tristes porque echamos de menos el buen ambiente anterior a la discusión; que estemos decepcionados por las reacciones del otro… y mucho más se podría añadir dependiendo del desarrollo de la discusión.

Lo más probable es que al acabar la discusión, estas sensaciones convivan más o menos a la vez. Porque es posible sentir más de una emoción al mismo tiempo. Por otro lado, las reacciones tras una discusión son clave para que las cosas vuelvan a la normalidad. Y ahí reside otro gran escollo: muchas veces actuamos con torpeza y lo que hacemos (o hace el otro) es añadir más leña al fuego, dando lugar a nuevas evaluaciones de la situación, más sentimientos de signo negativo, etc.

El lenguaje no verbal tras discutir, un gran escollo

El lenguaje no verbal de esos estados negativos no es precisamente el más propicio para resolver conflictos, sino lo contrario. Y es necesario que sea así y tiene sus razones evolutivas, válidas igualmente a día de hoy. Nos encontramos que de forma natural ambas partes agrandan las distancias físicas entre ellas; los tonos de voz (si se hablan) son más graves, como sacados de una caverna; apenas hay contacto físico; seguramente nuestra expresión facial sea tensa, o bien átona, decaída, al igual que las posturas (según el estado interno o las intenciones hacia la relación). Incluso puede que sin darnos cuenta, cuando el otro hable a otras personas, nuestro lenguaje no verbal también denote tensión, rechazo o reprobación.

Es posible que nosotros mismos decidamos acentuar todo ese lenguaje no verbal de lejanía, y reaccionar adoptando el llamado estilo pasivo agresivo. Este estilo consiste en mostrar una clara hostilidad hacia la otra persona: por ejemplo ignorarla, o dedicar miradas penetrantes de mayor duración de lo normal con los párpados tensados, no dirigirle la palabra pero sí a los demás, irse si aparece en la misma habitación. ¿Os ha pasado que reaccionen así con vosotros, o haberlo hecho?

Estoy segura de que cuando somos pasivo agresivos, en un buen número de veces se debe precisamente a que no tenemos la habilidad y herramientas para solucionar los conflictos de forma madura y solvente. Si nos lo hacen a nosotros, recordémoslo también.

Y todo esto se da mientras revivimos las palabras dichas en la discusión, las nuestras, las del otro… Dependiendo de nuestro grado de neuroticismo, puede que pensemos incluso qué deberíamos haber respondido en tal o cual momento, o qué deberíamos haber callado. Lo que nos hace estar sumidos en un ovillo de pensamientos y sentimientos variados.

¿Cómo romper el hielo ayudándose de la comunicación no verbal?

Muchas veces pensamos que romper el hielo es dignarse a dirigirle la palabra al otro (a saber con qué tono…) apostándolo todo al «te he hablado» y no al «cómo». Sin duda, eso es también romper el hielo, ¡pero a martillazos! Sin embargo, en mi experiencia observando y viviéndolo, se puede romper el hielo antes. Mejor dicho, se puede poner sal para que el ambiente no se llegue a congelar, como hacen en las carreteras de los países donde nieva. Una comunicación no verbal propicia sería la sal. Apostarlo todo al «cómo» y sin palabras, en los primeros movimientos.

Si tenemos intención de que, a pesar de los sentimientos que se hayan generado, el ambiente vuelva pronto a ser como antes. Si somos capaces de recordar que no es preciso correr para aclarar las cosas verbalmente. Si podemos mantener en mente que los problemas son recurrentes pero que lo importante es cómo reaccionamos ante ellos. En esos escenarios, la comunicación no verbal es un gran salvavidas.

El objetivo de aplicar una estrategia de comunicación no verbal para resolver el conflicto es triple:

  • Evitar que a la discusión se añadan otros daños a causa de la reacción hostil.
  • Facilitar una transición y propiciar una posterior resolución verbal positiva.
  • Fomentar un ambiente donde mostramos nuestra intención de acercarnos y resolver.

Tras una discusión que queramos dejar atrás, el foco tiene que estar puesto en reproducir el lenguaje no verbal que tenemos cuando hay normalidad.

Toma las riendas de lo que con tu cuerpo estás expresando. Al margen de la discusión, el contenido, los sentimientos, ten claro que lo que quieres es que las cosas mejoren. Propiciar un ambiente para poder hablar desde la calma. Por eso, el foco tiene no tiene que estar puesto en nuestra dignidad u orgullo sino en ser capaz de reproducir el lenguaje no verbal que tenemos cuando hay normalidad. Pero es una declaración de intenciones sin ambigüedades:

  • Emplea un tono voz variado de graves y agudos.
  • Evita las distancias físicas amplias, y mantén las habituales (aunque cueste). Nada de dirigirse al otro desde la puerta de una sala u habitación.
  • Sonríe a la otra parte con una sonrisa discreta, cordial, si os cruzáis por los pasillos o toca comentar algo.
  • Leve toque en el brazo al saludarse o proponer algo.
  • En redes sociales, no hagas el vacío sino actúa con normalidad.

No hace falta hacer como si nada hubiera pasado. No se trata de negar la mayor. Aunque intentemos aplicar ese lenguaje no verbal «de normalidad», es probable que la tensión se filtre por algún lado. No importa, aplicar alguno de esos elementos ayudará a escenificar que estás accesible para hablar, que sí ha habido un conflicto que está pendiente, pero que es solo eso: un desencuentro sobre temas determinados, pero no el fin de vuestra relación laboral / personal.

Cuando llegue el momento de retomar el tema de la discusión, es muy probable que ambas partes podamos hablar desde la intención de entendernos, y escuchar con mayor receptividad.

Lo que seguro que no arregla las cosas es mantenernos ausentes, distantes. Sin hacer nada o dejándole al otro el peso de dar el primer paso, mientras yo me mantengo alejado y generando nuevos estados de ánimo negativos. Cada uno de los elementos no verbales (una mirada, un toque, una entonación amable) ya por sí solo va suponer un puente como el de San Francisco.

Pruébalo la siguiente vez y cuéntame cómo te ha ido.

Abrazo,

Ana

Comentarios recientes

    Message Us on WhatsApp