habilidades sociales

4 habilidades sociales de un diplomático en una cena

Hace unos días en una cena se sentó en mi mesa un diplomático al que no conocía. Me divertí analizando, porque destacaron enseguida, sus habilidades sociales al interactuar con el resto de las personas que estaban en la mesa. Detecté varias, y os pongo más abajo las 4 que me parecen más interesantes.

En las cenas de amigos, íntimos sobre todo, el clima suele ser fluido, fácil y el tiempo pasa volando entre risas y copas. No hay silencios incómodos y como mucho puede haber alguna broma más pesada o algún tema más delicado que se trate, se discute y todos amigos. 

En cambio en una comida o cena con personas con las que tenemos menos familiaridad las cosas no van tan rodadas y, si queremos que las cosa vaya bien, hay que poner en práctica ciertas habilidades sociales y emocionales, no solo cuando somos el anfitrión (eso sin dudarlo) sino también cuando somos parte de los invitados. Estos recursos podemos tenerlos o no, según nuestro carácter y el ambiente donde hayamos crecido (si alguien se siente inseguro en este tema, ¡esta es una de las formaciones que más disfruto haciendo!).

Por ahora, nos quedamos con este diplomático y 4 habilidades para ser un buen conversador:

 1. Pronunciar el nombre de nuestros interlocutores de vez en cuando.

Por ejemplo: «qué interesante esto que comentas, Pablo». Si estamos en una mesa de pocas personas, el contacto visual ya permite dejar claro a quién te estás dirigiendo, y por eso no hace falta decir el nombre de la persona. Pero, de vez en cuando y sobre todo en una mesa en la que la mayoría se acaba de conocer, decir el nombre de las personas refuerza el vínculo, demuestra interés por cada uno, y a los que nos lo dicen nos gusta oírlo. Fijaos cómo en las llamadas de telemarketing siempre repiten nuestro nombre, también en las campañas de captación por la calle (ongs, etc.) o en tiendas con una política de atención al cliente personalizada. ¡Un pequeño detalle para tener en cuenta! Eso sí, hay que tener memoria y tampoco conviene abusar. 

2. Ser un actor proactivo en la conversación.

La conversación no solo depende de los demás; nosotros tenemos un rol relevante durante toda la cena y podemos rellenar silencios, sacar temas de conversación, explicar anécdotas, etc. Está también en nuestra mano. Entre este conjunto de posibilidades, lo que este simpático diplomático hacía es lo que yo llamo rescatar brasas y echarlas al fuego: retenía datos que alguien había mencionado en un momento anterior y los sacaba a colación. Por ejemplo: «Marta, antes has comentado que tienes niños, ¿verdad? ¿Qué tal se portan?». Y Marta encantada comenta sobre sus hijos, y otros comensales aportan también visiones y opiniones propias sobre el tema. Como en lo de los nombres, tampoco hay que abusar o pareceremos un poco psicóticos. 

3. Respetar los turnos de palabra.

Hay personas que hablan más rápido y otras más despacio. Generalmente, las personas que hablan más rápido se impacientan y acaban interrumpiendo a las demás, que se quedan con información sin contar. Dejar hablar a los demás sin interrumpir es una gran habilidad para que los demás se sientan escuchados, haya buen ambiente y se propicie la cercanía: «esta persona me escucha, le intereso, le voy a contar más cosas».

4. Aunque se tenga una opinión contrastada sobre un tema, mostrar interés por la de los demás.

Esta me pareció la clave más sofisticada. He de decir que también la he observado en otras personas, con una destacable humildad por la vida como denominador común. ¿Qué es lo que observé? Salían temas típicos como los Reyes, ciertos hechos políticos recientes, etc. La información que tenemos la mayoría proviene de la prensa y, aunque podamos haber leído prensa variada, al final es prensa. Un diplomático, en cambio, tiene información de primera mano sobre los asuntos de actualidad nacional e internacional, conociendo entresijos y estando al corriente también sobre qué información da la prensa, y cuál es la opinión y las teorías conspiratorias generales.

Pues nuestro personaje en cuestión no solo respetaba los turnos de habla al completo, sino que escuchaba con interés todas las opiniones; no practicaba ese «te oigo pero no te estoy escuchando», o «escúchame tú a mí que yo sí que sé de esto» que puede salirnos en un momento de irritación: su comunicación no verbal mostraba claramente interés y respeto por las otras opiniones. Interesante, ¿no? 

Y hasta aquí llega el post de hoy. En esa cena lo pasé en grande viendo «actuar/ser» a este diplomático que lo era también fuera de sus horarios y contextos laborales. Está claro que hay muchas técnicas más que entran en juego para ser un buen conversador, pero si aplicamos 2 o 3 de estas, ¡podemos hacer mucho para que la cosa fluya y todos nos sintamos bien en esa mesa! 

¡Espero que haya sido útil & Abrazo a todos!  

Ana

Ana de Puig

Comentarios : ( 2 )

  1. Es verdad todo lo que pones , Ana, cuando estamos entre amigos cenando o no, que debemos tener en cuanta. Es fácil olvidarnos, porque en la conversación, se nos puede ir el santo al cielo y no atinar a tiempo. Con dejar hablar a los demás y no interrumpirles, ya habríamos hecho algo muy bueno. Cubrir los incómodos silencios y llamar por su nombre a las personas que apenas conocemos, ya sería magnífico.

  2. Son recursos que se van practicando con el tiempo, Isabel! Fáciles de poner en marcha, y con gran resultado 🙂

    Abrazo!

    Ana

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