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Rupturas, despidos, momentos difíciles: tu imagen puede ayudarte

El otro día me encontré con un conocido al que tengo aprecio. Me comentó que hacía un mes le habían despedido, justo antes de Navidad, y estaba haciendo lo posible por no deprimirse. La verdad es que se mostraba alegre, y sin embargo su aspecto había cambiado notablemente; a pesar de sus esfuerzos, su apariencia externa reflejaba ese giro interior hacia la tristeza. Este post se lo dedico a él y a todas aquellas personas que pasan por un momento difícil.

Existen varios estudios científicos que prueban la relación entre depresión, falta de autoestima y apariencia. Las personas que están pasando por un mal momento a veces dejan de cuidarse: pasan más de cómo van vestidas y del aseo en general (barba más larga, cualquier prenda de ropa, etc.). Pero también hay estudios que han demostrado una relación positiva entre depresión y apariencia. ¿En qué sentido? En el de que algunas personas con niveles leves de depresión utilizan la ropa y el aseo como herramienta para elevar el ánimo y salir adelante. ¡Y con éxito! 

De hecho una persona que conozco de 80 y varios años siempre me cuenta que total, para la vida que lleva y lo sola que se siente a veces, podría no apearse de la bata y las zapatillas, y que desde hace años hace el esfuerzo de arreglarse a diario y tirar de coquetería para sentirse mejor. ¡Ay, la intuición, qué buena es! Pues esta señora, sin estudios científicos por medio, nota ese pequeño subidón de autoestima cada día y le da fuerzas para salir a la calle, apuntarse a los planes con los amigos que le quedan, etc. ¡Bien, bien, bien!

Y es que, ¿quién no se ha sentido bastante triste alguna vez, a las puertas o no de la depresión? Seguro que motivos no nos han faltado. En el fondo, ha sido la enfermedad del siglo XX. Por eso, como asesora de imagen os digo que cada gesto que hagamos importa. Y nuestra apariencia cuenta muchísimo; para lo que los demás perciben de nosotros ya lo sabemos; pero no hay que olvidar que para quien más cuenta es para nosotros mismos. La ropa la consideramos como una extensión del cuerpo, y no debemos olvidarla.

Así que os recomiendo que si conocéis a alguien que pasa por un mal momento, por ejemplo por un divorcio, una pérdida de un ser querido, un despido en el trabajo sin visos de encontrar uno nuevo, una enfermedad grave nuestra o de un hijo, o incluso una depresión «sin causa conocida», animadle a que cuide su imagen: se afeite a diario o, si lleva barba, se la cuide. Vaya a la pelu con frecuencia. Se maquille. Ponga atención a la ropa que elige cada mañana. Escoja colores alegres. Esos pequeños gestos le van a devolver una imagen de sí mismo positiva, y ahí se pone un marcha un engranaje que hace que todo funcione mejor.  

Y otro caso real para acabar. Una persona que estuvo más de un año secuestrada explicaba, cuando por fin se animó a hablar de su experiencia a los medios, que la disciplina de asearse cada mañana, aunque fuera con los rudimentarios medios de los que disponía, le había ayudado enormemente a sobrellevar tal condición. Creo que poco se puede añadir a un testimonio así. 

En fin, muy queridos lectores, lo dicho: ¡no bajemos la guardia sobre nuestro aspecto nos pase lo que nos pase, ni por unas horas!    

¡Muy feliz día!

Ana

 

Ana de Puig

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